El sueño de papá.

Acá les dejo el cuento completo

Ilustraciones: Nancy Ospina

Desde pequeño, George y su mamá iban los fines de semana con su papá a verlo jugar tenis. Se volvió una costumbre familiar arengar y felicitar a su padre, ya que casi siempre ganaba.

Después de cada partido, Robert jugaba con su hijo George por 15 o 20 minutos y veía como día a día mejoraba. Y él, feliz de compartir más tiempo con su padre.

Pasaron los meses y los años. Robert vio el entusiasmo de su hijo por el tenis y pensó que George tenía las condiciones para ser un gran jugador profesional. Un sueño que él no pudo lograr.

Así que Robert le dijo a su hijo: – Voy a contratar al mejor entrenador de este país para que te dé clases todos los días después de clases. Vas a dedicarte a esto y triunfarás.

George empezó a ir a sus entrenamientos a diario. Mejoraba día a día. Ganaba la mayoría de los torneos que disputaba y su entrenador, Matías, también sentía que el niño tenía un talento especial.

Al pasar un tiempo George empezó a sentirse triste y aburrido. Veía cómo sus amigos del vecindario jugaban fútbol, baloncesto y voleibol, mientras que él debía ir todos los días a entrenar tenis.

El día de su cumpleaños #13 George pensó un deseo al soplar la vela del ponqué. Y en el momento exacto en que estaba pidiéndolo, una lágrima salió de su ojo derecho y un suspiro terminó el momento.

Antes de dormir, justo antes de apagar la luz, su mamá entró y le preguntó: -Hijo, por qué estás triste? Hoy es tu cumpleaños y pudimos hacer una gran celebración. A lo que George respondió: – Ya no quiero ir a jugar tenis todos los días. Quiero salir con mis amigos.

No quiero jugar torneos todos los fines de semana. Deseo ir a las fiestas de mis amigos, y te confieso que a veces solo me gustaría quedarme en casa viendo la tele. A lo que su mamá respondió: – Tu papá se pondrá muy triste. Hemos invertido mucho en tus clases. Pero si es lo que quieres voy a hablar con él-.

Como lo prometió, Ana le habló a su esposo contándole lo sucedido y los detalles de la tristeza de George el día de su cumpleaños. Robert, mirando hacia el suelo y sin ocultar su frustración dijo: -Que haga lo que él quiera, pero se va a perder la oportunidad de ser tenista estrella-.

George comenzó a jugar con sus amigos. Se empezó a sentir más feliz. Después de un año entró al equipo de fútbol de su colegio y se destacó como goleador.

Tres años después, George debía decidir qué hacer una vez terminara el colegio. Un día, durante la cena su padre le preguntó: -Hijo, ya que no quisiste ser tenista, ¿A qué te vas a dedicar en tu vida?- A lo que George respondió: -Quiero ser Arquitecto, igual que tú-.

Fin.

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